Visual Art Week/ #VAW/ AfterWards

Arte, Reseña

Visual Art Week en el Hemiciclo a Juárez : el efecto Kusama

A lo largo de la tarde del 3 de Febrero,los capitalinos pudieron disfrutar por primera vez del festival Visual Art Week (VAW) México, en el marco de las actividades del “Año de la luz y las tecnologías”, basadas en ella. La muestra presentada bajo el título, “20 artistas” se compuso de la obra de 10 artistas nacionales y 10 artistas internacionales.

A diferencia de lo presentado en la explanada del Palacio de Bellas artes, en la que la pieza “Control no Control” del artista canadiense Daniel Iregui, en donde la interacción física con la pantalla producía patrones visuales diversos, lo que se presentó en el Hemiciclo a Juárez carecía de esa invitación al público por interactuar de algún modo; difícil tarea tomando en cuenta que sólo se presenIMG_2862tó una pantalla por las cual se presentaban imágenes luminosamente seductoras, que no provocaban otra cosa que mantener la condición de contemplador pasivo del público que se congregó en los límites de las banquetas para ver el espectáculo. ¿Cuál fue esa transformación del espacio público?

Por unas horas, la acera de la Alameda central se convirtió en un punto de reunión para ver luces proyectadas en una pantalla. En efecto, es una propuesta visualmente espectacular, que, sin embargo, no parece tener relación alguna con su entorno y el contexto cotidiano e histórico de un lugar como la Alameda central,ni logísticamente ni en cuanto al contenido de las propuestas presentadas, exceptuando quizás la pieza de Andrés Villalobos Cuevas, artista mexicano, que trató en su trabajo al organillero: un ser humano quien en una labor diaria al recorrer las calles y girar la manilla de su instrumento ,se vuelve parte de la misma ciudad, del entorno y de la experiencia de caminar por las calles de ese lugar.DSC_0026 La reproducción en cola de los vídeos no resultó algo muy positivo para los asistentes, pues después de un lapso todo comenzaba de nuevo. Ello no toma en cuenta el mood del público: después de algunos minutos, se necesita parar y entender que és lo que se vió, pero el bombardeo de video tras video dificulta este ejercicio crítico.

Así, después de una hora de proyección, de luces espectaculares al ojo y una congregación de gente que mira fascinada los patrones visuales es difícil no hacer la analogía con lo ocurrido en la exposición de la artista japonesa Yayoi Kusama: una exposición de espectáculo visual que te deja con un extraño vacío.

Texto/Manuel Guerrero

Fotografía/Aline Delgado

@ThisCosaNostra

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